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Patek Philippe Calibre 89 El reloj quizo ser el más complicado del mundo

Si te sumerges un poquito en el mundo de los relojes, tal vez por mera curiosidad o por que empiezan a gustarte después de un video de TikTok, tarde o temprano surge un nombre reverenciado casi como una leyenda Patek Philippe. Esta casa suiza es famosa por fabricar relojes que no parecen simples relojes, sino que verdaderas obras de arte, ingeniería, y algo casi mágico. Dentro de su ya impresionante catálogo, un reloj brilla con más fuerza: el Patek Philippe Calibre 89, un coloso mecánico hecho para festejar los 150 años de la marca y por años considerado el reloj más intrincado del mundo.

En este escrito, exploraremos las particularidades de este reloj, su trascendencia, y como es posible que tantas complicaciones cupieran en algo tan pequeño.


Un reloj destinado a ser una leyenda.

El Patek Philippe Calibre 89, no es cualquier reloj.
Creado en 1989, pa celebrar el sesquicentenario de la casa relojera. Patek, claro, no buscaba un simple reloj bonito o uno costoso. Deseaban mostrar al mundo, de manera práctica, su total supremacía relojera, una cosa nadie mas podría igualar. Y vaya, ¡lo lograron!

El Calibre 89… es varias cosas a la vez, ¿eh?: un hito, una joya de la ingeniería extrema, símbolo del poderío suizo relojero y… mucho más que un simple aparato pa dar la hora. Como si hubieran decidido demostrar TODO su saber hacer, superando limites casi inimaginables.

Pa empezar, este reloj exhibe 33 complicaciones. Además de la hora, hace 33 cosas extrañas, algunas un tanto surrealistas. Con 1.728 componentes, pesa 1,1 kilos… ¡más grande que un reloj de bolsillo común! De hecho, parece un pequeño planeta mecánico. Sí, has leído bien, un kilo entero de metal precioso y engranajes.


Un tamaño extraordinario.

El Calibre 89, vaya, su tamaño inicialmente asombra. A menudo vemos relojes discretos, ajustados a la muñeca; pero este es tan colosal, tan denso, que solo podría fungir como un reloj de bolsillo, en todo caso. Sacarlo de su estuche, ¡qué va! Con ese precio, cualquiera temería un accidente.

Con 88,2 mm de diámetro y 41 mm de espesor, la verdad, es una exageración. Es más extenso que bastantes teléfonos actuales y más grueso que una hamburguesa doble, sin discusión. Pero la vastedad tiene una lógica: incluir tantas funciones internas requiere espacio, como engranajes, muelles, discos, ruedas y un montón de elementos que no pueden ser reducidos con solo desearlo.


Existe en cuatro presentaciones, empleando cada una un metal diferente.

Oro amarillo, eh?

Oro blanco

Oro rosa.

Platino.

Cada versión única, dando un gran total de solo cuatro Calibre 89 en el globo. Es, verdaderamente, uno de los relojes más inusuales.
Las complicaciones: el desafío del Calibre 89, casi inalcanzable

Un reloj con complicaciones, informando la fecha o funcionando como cronómetro, eso ya despierta curiosidad. Pero con treinta y tres, la experiencia se transforma, rozando lo insólito. El Calibre 89, ostenta complicaciones nunca vistas en conjunto, antes en un solo reloj.


Detallo algunas de las características mas asombrosas:

1. Calendario perpetuo con año bisiesto y secular.

El calendario perpetuo, por sí solo es asombroso; reconoce meses de 28, 30 o 31 días y corrige el día, cada año. Este, va aún más lejos, sumando los años seculares, excepciones del año bisiesto. Asegurando, así, la precisión del reloj durante siglos, sin intervenciones.

2. Carta astral.

El reloj exhibe la posición precisa de las estrellas y el firmamento nocturno, desde una latitud específica.
Imagina abrir un reloj, para toparte con un mapa del cielo girando lento, todo acompasado con la vuelta de la Tierra. Parece sacado de una peli espacial o ciencia ficción.

3.Horas del amanecer y el anochecer

El Calibre 89 tambien dice la hora precisa, cuando sale y se mete el sol. Y eso lo hace mecánicamente, con ruedas dentadas moviéndose, diario, según la fecha y dónde está la Tierra. Nada de electrónica, ni sensores, pura mecánica es.

4.Termómetro mecánico

Si, leíste correcto: un termómetro en un reloj mecánico. No es digital, ni electrónico. Un metal bimetálico que se estira o encoge por la temperatura. Es de esas cosas que parecen de magia.

5.Indicador de Pascua

Esto es de lo más raro. El reloj calcula, cuándo es Pascua, una fecha que cambia, según los ciclos lunares y solares. Algo que muchos no saben, el reloj lo calcula solo. Es unas complicaciones mas raras.

6.Cronógrafo completo.

También posee un cronógrafo que cuenta minutos y segundos. Aunque no, no es la complicación mas llamativa del reloj, lo increible es que un cronógrafo ya es jodido de hacer, ¿sabes?. Es tan solo una pieza más del rompecabezas.

7. Sonería, con repetición de minutos, y grand sonnerie.

El relojito puede también dar campanadas, como si fuera un reloj de torre pequeño en miniatura. Con un sonido perfecto puede repetir la hora, los cuartos, y también los minutos, gracias a sus martillos y timbres internos.


El Calibre 89, no se fabrica, es pieza irrepetible.

Lo que lo hace mucho mas especial a este reloj, es que jamás se va a fabricar otra vez, creo yo. Las cuatro unidades que existen, ya fueron hechas, y cada una está en manos de coleccionistas o en museos. Hacerlo de nuevo saldría carísimo, demasiado largo, y probablemente imposible ya que muchos de los relojeros que lo hicieron, pues ya no trabajan, o incluso fallecieron, una pena.

Para construir cada reloj, se necesitó más de nueve años, entre investigar, diseñarlo, y ensamblarlo, imagina.
Actualizado:

Hoy día, recrear un proyecto semejante costaría millares de millones, necesitarían equipos completitos centrados únicamente en éste modelo.


El precio: ¡Una suma de otro mundo!

El Calibre 89, ni se vende en tiendas, ni posee un precio oficial pues no existen unidades a la venta basicamente. Sin embargo, cuándo alguno salió a subasta, se barajaron sumas ¡absolutamente asombrosas! Dependiendo de la versión y el momento preciso, se ha llegado a estimar:

5 a 11 millones de dólares.

Incluso algunos expertos señalaron, que, si hoy se subastase otra vez, alcanzaría los 20 millones, quizás más.

De todas formas, está clase de relojes, no se adquieren por dinero, ¡se compran por la historia!. Son piezas, que no se repiten.


Lo que verdaderamente representa este reloj.

El Calibre 89, no es un reloj «útil» en su significado ordinario. No es para usar en el trabajo, ni para practicar deporte, ni tampoco para fanfarronear en Instagram. Es un objeto, que exhibe lo máximo que la relojería clásica, podría realizar sin la electrónica.

Es como un monumento, ¡pero mecánico!
Algo que probó que los humanos construimos máquinas complejas con ingenio, con paciencia y con todo. En esta era digital, el reloj nos recuerda que los engranajes logran cosas increíbles.

Para mí, estudiante aun, imaginar a los relojeros dedicándose años a piezas minúsculas es lo que más me impacta, ¿eh? Ajustándolas para que todo funcione a la perfección. Me cuesta comprender la exactitud y tanta paciencia.


Conclusión propia

    Después de leer y aprender todo del Patek Philippe Calibre 89, me parece una obra renacentista, ¡si! Pero en vez de pintura o mármol, de metal, oro y cientos de engranajes. Es un objeto no «práctico», sino para exhibir de qué es capaz la mente humana cuando quiere hacer algo perfecto.

    Incluso es extraño, tiene un aire de misterio, eso sí.
    Existen tan solo cuatro en el planeta, y contemplar cómo, en su interior, un mecanismo tan intrincado escapa a la completa comprensión hasta de muchos relojeros contemporáneos, lo convierte casi en un acto de magia. Un reloj que va más allá de marcar la hora, narrando historias de ingeniería, tradición y un nivel de compromiso que, tristemente, hoy casi no se ve.

    Si alguna vez lograse admirarlo en persona, juraría que me pasaría horas observándolo, tan solo para atisbar un poco, como demonios funciona todo eso dentro. Y aunque es evidente que nunca tendré uno ni si viviera cien vidas, me resulta absolutamente fascinante que algo semejante siquiera exista.

    El Patek Philippe Calibre 89 es, en resumidas cuentas, el reloj que aspiró a ser el más complejo del mundo y lo logró sin dudarlo.

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